domingo

Ninfas, hadas de las fuentes

una ninfa es una deidad menor de la naturaleza, 
típicamente asociada a un accidente geográfico o lugar concreto, 
a pesar de lo cual eran designadas por el título de olímpicas, 
convocadas a las reuniones de los dioses en el Olimpo y descritas como hijas de Zeus. 
Diferentes de los dioses, 
las ninfas suelen considerarse espíritus divinos que animan la naturaleza, 
y ser representadas en obras de arte como hermosas doncellas, 
desnudas o semidesnudas, 
que aman cantar y bailar; 
poetas posteriores las describen a veces con cabellos del color del mar.
Se creía que moraban en la tierra: en arboledas, en las cimas de montañas, en ríos, arroyos, cañadas y grutas.
Según el lugar que habiten, 
se les llama Agrónomos, Orestíades y Náyades Son muy longevas, 
pero no necesariamente inmortales.


Homero las describe con más detalle presidiendo sobre los juegos, 
acompañando a Artemisa,bailando con ella, 
tejiendo en sus cuevas prendas púrpuras y vigilando amablemente el destino de los mortales.
A lo largo de los mitos griegos actúan a menudo como ayudantes de otras deidades principales,
como el profético Apolo, 
el juerguista dios del vino Dioniso y dioses rústicos como Pan y Hermes. 
Los hombres les ofrecían sacrificios en solitario o junto con otros dioses, 
como por ejemplo Hermes.
Con frecuencia eran el objetivo de los sátiros.
El matrimonio simbólico de una ninfa y un patriarca, 
a menudo el epónimo de un pueblo, se repite sin fin;
su unión otorgaba autoridad al rey arcaico y su linaje. 
Las ninfas son personificaciones de las actividades creativas y alentadoras de la naturaleza,
la mayoría de las veces identificadas con el flujo dador de vida de los manantiales: 
la idea de que los ríos son dioses y las fuentes ninfas divinas está profundamente arraigada no solo en la poesía sino en las creencias y rituales; 
la adoración de estas deidades está limitada solo por el hecho de que se identifican inseparablemente con una localidad concreta.»
Las ninfas griegas eran espíritus invariablemente vinculadas a lugares, 
no muy diferentes de los genii loci latinos, 
y la dificultad de transferir su culto puede verse en el complicado mito que llevó Aretusa a Sicilia. mientras que las Linfas (originalmente Lumpae) o diosas del agua italianas, 
debido a la similitud fortuita de sus nombres, 
pudieron ser identificadas con las ninfas griegas. 
las ninfas individuales veneradas por los campesinos en las fuentes y cañadas del Lacio. 
Todas las ninfas, cuyo número es casi infinito, 
pueden ser divididas en dos grandes clases. 
La primera abarca todas aquellas que pueden ser consideradas como un tipo de divinidad inferior, reconocida en el culto de la naturaleza. 

 
Los griegos antiguos veían en todos los fenómenos ordinarios de la naturaleza alguna manifestación de la divinidad. Fuentes, ríos, grutas, árboles y montañas: 
todos les parecían cargados de vida,
y no eran más que las encarnaciones visibles de otros tantos agentes divinos.
Los saludables y beneficiosos poderes de la naturaleza eran pues personificaciones y considerados otras tantas divinidades, 
y las sensaciones producidas en el hombre por la contemplación de la naturaleza 
(sobrecogimiento, terror, alegría, placer) 
se atribuían a la acción de diversas deidades de la naturaleza. 
La segunda clase de ninfas son personificaciones de tribus, razas y estados,
tales como Cirene y otras.
Las ninfas de la primera clase deben ser de nuevo divididas en varias especies, 
según las diferentes partes de la naturaleza de las que sean representativas:
• Ninfas del elemento acuático: 
Deben mencionarse primero a las ninfas del océano, las Oceánides que son consideradas hijas de Océano,
y a continuación a las ninfas del Mediterráneo o del mar interior, 
que son consideradas hijas de Nereo, 
por lo que son llamadas Nereidas Los ríos eran representados por las Potámides quienes, 
como divinidades locales, eran bautizadas según sus ríos como Aqueloides, Anígrides, Amnisíades o Pactólides.
Pero las ninfas del agua dulce,
ya sea de ríos, lagos, arroyos o pozos, son también designadas por el nombre general de Náyades, 
aunque tengan además sus nombres específicos, 
como Creneas, Pegeas, Eleionomae, Limnátides o Limnades. 
Incluso los ríos de las regiones inferiores (el Inframundo) 
se describen con sus ninfas, de ahí las Nymphae infernae paludis 
(‘ninfas del pantano infernal’) y las Avernales.


Muchas de estas ninfas presidían sobre las aguas o las fuentes, 
creyéndose que inspiraban a quienes bebían de ellas, 
por lo que se pensaba que las propias ninfas estaban dotadas de poderes proféticos u oraculares y los inspiraban a los hombres, 
otorgándoles así el don de la poesía.
Los adivinos o sacerdotes inspirados eran por esto llamados a veces ninfileptos.


Sus poderes, sin embargo,
varían con los de la fuente sobre la que presiden, 
considerándose así que algunas tenían el poder de devolver la salud a las personas enfermas,
y como el agua es necesaria para alimentar a la vegetación así como a todos los seres vivos, 
las ninfas acuáticas eran también adoradas junto con Dioniso y Deméter como dadoras de vida y bendición a todas las criaturas, 
y este atributo es expresado por una variedad de epítetos, 
tales como καρποτρόφοι, αἰπολικαί, νόμιαι (‘nomias’), κουροτρόφοι (‘curótrofas’) y otros. 


• Ninfas de las montañas y grutas,
llamadas Oréades y Orodemníades, 
pero a veces también por nombres derivados de las montañas concretas que habitaban, 
como Citerónides, Pelíades, Coricias, etcétera.


 • Ninfas de los bosques, 
arboledas y praderas, 
donde se creía que a veces se aparecían y asustaban a los viajeros solitarios. 
Eran designadas por los nombres Alseides, Auloníades y Napeas.


 • Ninfas de los árboles, 
de las que se creía que morían junto con los árboles en los que vivían y con los que habían llegado a existir. Eran llamadas Dríades, Hamadríades o Adríades, de δρῦς, 
que significa no sólo ‘roble’ sino también cualquier árbol silvestre que crece majestuoso. 
Las ninfas de los árboles frutales eran llamadas Mélides, Melíades, Epimélides o Hamamélides. 
Parecen ser de origen arcadio y nunca aparecen junto con los grandes dioses.
La segunda clase de ninfas, que estaban relacionadas con ciertas razas o localidades tienen normalmente un nombre derivado de los lugares con los que estaban asociadas, 
como Nisíadas, Dodónidas o Lemnias.
las ninfas solían consistir en cabras, corderos, leche y aceites,
pero nunca vino.
Eran adoradas y honradas con santuarios en muchas partes de Grecia,
especialmente cerca de las fuentes, arboledas y grutas, 
como por ejemplo cerca de una fuente en Cirtones, en Ática, en Olimpia, en Mégara, entre Sición y Fliunte y en otros lugares. 


 Las ninfas tendía a frecuentar zonas alejadas de los humanos pero podían ser halladas por viajeros solitarios fuera de los pueblos, 
donde podía oírse su música y estos podían espiar sus bailes o baños en un arroyo o charca,
ya fuera en el calor del mediodía o a medianoche. 
Podían aparecer en un torbellino. Estos encuentros podían ser peligrosos, 
provocando enmudecimiento, enamoramiento,
locura o apoplejía al desafortunado humano. 
Cuando los padres creían que su hijo había sido embrujado por una nereida,
rezaban a San Artemidos, la manifestación cristiana de Artemisa.
Debido a la representación de las ninfas mitológicas como mujeres que mantienen relaciones con hombres y mujeres a voluntad,
el término se aplica a menudo a quienes presentan una conducta parecida.
El término «ninfomanía»
fue creado por la psicología moderna para aludir al «deseo de mantener relaciones sexuales a un nivel lo suficientemente alto como para considerarse clínicamente relevante». 
Debido al uso generalizado del término por parte de profanos y a los estereotipos asociados a él,
los profesionales prefieren actualmente el término «hipersexualidad»,
que además puede aplicarse tanto a hombres como a mujeres.
La palabra «nínfula» se usa para aludir a una muchacha sexualmente precoz. 
Este término fue popularizado por la novela 
Lolita de Vladimir Nabokov. El protagonista, Humbert Humbert, 
usa la palabra incontables veces,
normalmente en alusión a Lolita.


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